martes, 20 de mayo de 2008

Alain Touraine

La transformación
que conduce desde
una sociedad de
conquistadores del
mundo –de guerreros,
de científicos–
a una sociedad de autorrealización
de cada uno, como es la actual,
ha sustituido la sociedad de
los hombres por una sociedad de
mujeres”, escribe el sociólogo
francés Alain Touraine (Hermanville-
sur-mer, 1925) en su libro El
mundo de las mujeres (Paidós),
que ayer presentó en el Institut
Francès. Esto es, hoy las grandes
preocupaciones no son ya conquistar
el mundo sino crearse a sí
mismo a partir de la sexualidad
como en otro tiempo fue a partir
del trabajo. Y en esta modernización
diferente a la que Europa ha
practicado durante siglos separando
razón y sentimientos, las
mujeres llevan la delantera.
Touraine ha hablado del fenómeno
con La Vanguardia.
¿Víctimas? “Para muchos estudiosos
las mujeres no son actores sino
víctimas de un sistema de dominación
total e impersonal al
que nadie puede oponerse. Ciertamente,
sufren una enorme y
sorprendente cantidad de violencia
en el trabajo y en la familia”.
“Yo soy mujer”. “Pero al hablar
con mujeres me sorprendió que
ninguna se definiera como víctima,
sino como mujer. Podían definirse
como madre, ingeniera, tunecina...
pero empezaban por ‘Yo
soy mujer’. Y la meta de todas es
construir su vida como una vida
de mujer. Las mujeres dejan de
definirse por la relación con los
hombres y priorizan su construcción
a partir de su sexualidad, de
una nueva relación con el cuerpo
y con ellas. Quieren actuar sobre
sí más que sobre los demás”.
Seducción, ¿a quién? Las mujeres,
“más que los hombres, pasan
por este individualismo, por el
cuidado del cuerpo, la elección
de la indumentaria para construir
su personalidad singular”.
Pero “el maquillaje, la gimnasia,
la cirugía estética, que los hombres
interpretan como maniobras
de seducción, son ante todo
maneras en que las mujeres intentan
seducirse a sí mismas”. Después
de todo, dice, “la relación
con el hombre ya no es la meta
final: a través de él está la relación
con una misma”. Y la construcción
del sí, añade, no es broma
en un mundo líquido en el
que “todo nos llama a escapar de
nosotros mismos”.
Ambivalencia. “Las mujeres son
conscientes de que la combinación
de opciones imperfectas es
la mejor solución posible: trabajo
y vida personal. Saben que una
participación limitada en cualquier
terreno obstaculizará su
éxito, sea con su carrera o con
sus hijos, pero consideran necesario
combinar ambas facetas. Es
un cambio profundo, el actor juzga
la situación en relación consigo
mismo. Estábamos centrados
en el mundo: ahora en nosotros.
Eso origina toda una ética”.
Unir la vida. “Igual que el ecologismo
político y los movimientos
antiglobalización buscan reintegrar
los aspectos que el proceso
europeo de modernización separó
y opuso, son sobre todo las mujeres,
las que han sufrido una dominación
más completa, las que
formulan los grandes temas de la
reconciliación del cuerpo y la
mente, del pasado y el futuro, de
lo privado y de lo público, del interés
y de la emoción. En lugar
de elegir entre razón e imaginario,
los unen sin confundirlos”.
Mujer y publicidad. Para Touraine,
las mujeres enfrentan hoy
una nueva dominación, “la que
transforma a la mujer en consumidora.
Las mujeres se avergüenzan
de cómo las usan muchos
anuncios, pero luego compran,
porque sobre todo están contra
la publicidad no cuando les muestra
como sujeto sexual sino cuando
a través de la mujer sexualizan
objetos. Como decía una mujer
entrevistada, cuando vuelvo a
mi casa tras ver los anuncios del
metro y me miro al espejo veo
que ya no tengo cara, ni cabellos...
Han robado mi imagen”.

Alain Touraine, reconocido sociólogo francés, acaba de publicar en París su último libro titulado "El Mundo de las Mujeres" en el que analiza cómo la naturaleza propia de la mujer ha influido en la nueva configuración del espacio público.





"Las mujeres de ahora se interesan en la transformación ética, moral, en cómo vivir. Diría que el mundo de los hombres era hacia afuera, el universo de la conquista. Ahora hay un mundo hacia adentro".


El sociólogo -que asistió al cambio de mando presidencial en Chile y fue espectador en primera fila de la asunción de la primera presidenta mujer del país- fue entrevistado en la Revista Ya de esta semana, en la que resume notablemente la evolución de este cambio cultural y explica por qué la sociedad chilena no puede ser considerada "machista" mas allá de los resultados de la última eleccion presidencial:

" - ¿Qué rol juegan las mujeres en este nuevo paradigma?

En el nuevo modelo cultural se reconstruye lo que fue rasgado. Nuestro modelo occidental de modernización, tal como se desarrolló hace 500 o 600 años, subió a un caballo a una élite científica, política, administrativa y económica que fue a conquistar el mundo creando tensiones, desigualdades. Funcionó igual que una máquina de vapor en la que hay un polo caliente y uno frío, y mientras más tensión existe entre los dos, más se crea energía. La élite planteó "las mujeres son una figura de la inferioridad"; se formó una especie de bloque de la inferioridad que está definida esencialmente por la no subjetividad. El ser inferior es el que no puede decir "yo". Así vivimos en los siglos XVI, XVII y XVIII. Luego los dominados se cansaron y empezaron a decir "basta". El ciudadano le cortó la cabeza al rey; el obrero se sindicalizó y las mujeres inventaron el feminismo, logrando así transformaciones muy importantes. Finalmente, en este modelo occidental se distendió la cuerda y no quedó nada, sólo el mercado: la gente lo pasa bien, se da gustos, hace cualquier cosa. Yo me pregunté, entonces, ¿qué idea sostiene este nuevo mundo?, y la hipótesis más razonable era decir que se trataba de las mujeres porque fueron el grupo social más totalmente "inferiorizado". Como las instalaron en la categoría inferior, quieren volver a reconstruir lo que se quebró, rasgó. Ellas son las sostenedoras de este nuevo modelo cultural.

¿Qué quieren volver a recomponer?

- Por ejemplo, lo privado y lo público, o todo lo que constituye la oposición hombre-mujer. No están haciendo una sociedad de mujeres para reemplazar una sociedad de hombres. Reconstruyen para los hombres y las mujeres. Ellas se construyen como sujetos a través del rechazo de todas las polarizaciones. Rechazan la separación sexualidad-amor, por ejemplo. Son las que mejor perciben, y muy conscientemente, el carácter insoportable del quiebre, de la polarización. A veces resumo el asunto de la manera siguiente: el mundo que hicieron los hombres era un mundo en que primaba la conjunción o: o la casa, o el trabajo; o la guerra o la paz; o la derecha o la izquierda, o el capitalismo o el socialismo. El mundo que hacen las mujeres es ambivalente, un mundo de la conjunción y, pero cada vez hay una pérdida porque es imposible dar al ciento por ciento de los dos lados. Eso significa que las mujeres están muy frustradas, pero para ellas es la única manera aceptable de ser. Es una solución muy costosa; de hecho sólo hablan de eso: ¿cómo me ocupo de mí y de mis hijos. Si tengo a un hijo enfermo, voy o no voy a trabajar?; sé perfectamente que no haré carrera si me embarazo, etcétera. Pero soltar algo no es una posibilidad."

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